Sin saber decirte adiós. 

Te deseo algún atardecer  en el que el silencio del viento llene de incertidumbres tu pecho y te haga sentir algún que otro segundo viva. 

Deseo que hayas errado tantas veces que seas capaz de ver el camino entre malezas, desatinos y algún pozo con demasiada sed con el que compartir el cielo que un día me supiste pintar. 

Deseo que la invisibilidad a la que complaciente te sometes, sea tan inexistente para los ojos que realmente vayan a saber abrazarte. 

Te deseo un quebradero de cabeza por cada no soy capaz que te planteaste,  y que resuenen tus carcajadas en mi piel cuando tus miedos crucen ese océano en una hoja de papel. 

Deseo que aprendas a no dejar de respirar, para que tu corazón no pueda adelantarse a tu paso y no te ahorre ninguna sorpresa. 

Deseo que eches de menos, y arranques lágrimas y cabellos antes de sentarte a lamentar un vacío lleno de canciones que nunca escuchaste. 

Te deseo un buen momento por cada mala decisión y un enemigo que jamás deje de recordarte la daga que en el margen escribiste una vez, sí, la que creyendo olvidada siempre duele. 

Te deseo un rodar hacia arriba hasta encontrarte con las raíces que tanto tiempo te robaron y el rayo de sol que te haga recordar cada beso que sin nombre recibiste. 

Deseo que tus dedos nunca dejen de crecer y seas capaz de notar mi latir entre la tierra húmeda en la que entierro los míos por no hacerte desaparecer. 

Deseo, deseo, deseo.. Solo soy un cuerpo egoísta que necesita volverte a ver. 

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Tinta seca. 

¿Dónde? Espalda vuelta, pies colgando, con la ceniza de cuatro horas sin mover postura, portando dos grietas por labios y el latido tan cansado, que has de buscarlo a conciencia. Mis paréntesis son más largos desde que dejé de dudar. ¿Podré esta vez mostrarme sin miedo? No. Es un no rotundo, con el que de inmediato me contesto, disfrazado de bragueta bajada y almohada revuelta, reseca de camufladas lágrimas. No son mías, no me importa.. Hace tiempo que ciertas resacas me saben mucho mejor que la propia victoria, sería injusto desestabilizar todo un mundo de contradicciones, regido por infinita mezcla de desilusiones y decisiones mal tomadas, un mundo en el que yo decidí saberme imposible, uno en el que nadie me ve al caminar por la calle, donde el color de la nada me queda bien.
¿Porqué? Por no saber recordar un amor incondicional en la suma de todos mis días, más sufridos que vividos, he aprendido a comprar abrazos, a regalar sonrisas, a encajar un sí donde yo nunca supe caber, a tragar lengua y saborearla repitiendo hasta la saciedad, a odiar viviendo lo correcto y maldecir lo deseado, a complacer extrañas voces en busca de una inexistente saciedad, a buscar en otro corazón lo que el mío nunca llegó a crear. A carcajadas se ríe el espejo, que celoso de mis segundos de falsa plenitud, se atreve a mostrar la belleza de un pasado tan frío como vulgar, de olores a madre y ventanas abiertas, de tierra mojada y chimenea prendida, de gastada infancia en provechosos billares de cinco duros, de inocencia demasiado corta, de reproches demasiado largos. 
¿Cómo? Amando cada palabra que sepan dedicar con un porcentaje digno de verdad, mostrando defectos antes que virtudes, dejando a un lado sangre, costumbres y vicios, con un pensamiento confuso e inexacto capaz de entregar tan solo realidad, siendo giro sin control en el intento de fragmentar debilidades. Descubrí formas preciosas de cubrir carencias ajenas disimulando las propias, aprendí a morir en cada rincón que supo guardar el eco insostenible de una soledad no deseada. 
¿Quién? ¿Quién soy? Me pregunto a veces. Cambio constante, me consuelo, sin identidad aparente. La que ha masticado puño por no regalarlo y ha mostrado realidad sin filtros ni reparos, esclava de actos ajenos y refugio para bocas sin sed. La que ha bajado pedestales para alcanzar a limpiar lágrimas de rabia y ha sabido dar color al oscuro tono de un alma gastada. La que atendió el olvido de quien resignado no se sostuvo con un solo pie y ha sabido salir ilesa de un desmemoriado amor. He dañado a quien amaba y perdonado a quien no merecía. He cumplido amenazas y roto promesas. He sido volcán en erupción desde que mente es capaz de recordar, y mentira anunciada para quién en mis labios decía encontrar la salvación .
¿Cuándo? En el momento en el que decidiste hacer de mi cuerpo refugio y de mi abrazo, un lugar para soñar. Instantes después de que colmaras mi piel de caricias y el vacío que duerme en mis entrañas me vistiese de amargura de mi garganta al más pequeño dedo de mis pies. 
Sigo aquí, inmóvil, observando la ligera respiración que te deja soñar, esperando que no despiertes jamás, salvándote de un corazón que nunca supo amar, el mismo que fuma, llora y grita a los pies de tu cama, entrega cariño y se va.
Publicado anteriormente en krakensysirenas.

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Toc, toc, toc…

Srta. Avería

(Un texto de @Zaida_LM)

1, 2, 3… 19 y 20 de largo. Por 1, 2, 3… 11, 12 y 13 de ancho.

Cuántas veces habría contado las baldosas de aquel lugar. Y sin embargo, no podía dejar de hacerlo. Cuidado con las rayas, no las pises. ¿Qué podía pasar? Nada. No iba a pasar nada por pisar una raya y lo sabía. Bueno… Por si acaso, se repetía por vigesimoquinta vez mientras esquivaba haciendo un equilibrio la raya de la baldosa H9 esperando llegar a convencerse en algún momento.

-Cuéntalas otra vez.

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Despropósito.

No les hables de lo que fuimos, ni de lo que podríamos haber sido de no ser por los dos.
Fuimos una sola piel con luz y sin ella, sin horas ni hambre, sed o sueño. Con prisa en las manos y mordiscos en la boca.               Fuimos llanto a carcajadas y caladas de humo interminables. También susurro y colegas de viaje.                                             Fuimos certeza y doble nudo cuando los problemas nos hacían crujir rodillas y dientes.           Fuimos complicidad de la que da envidia, baile único y copas de más. Fuimos hilo para descosido y tacón para equilibrar.              Fuimos soplido en la herida abierta y melodía en silencio incómodo.   Fuimos cerveza amarga de antiguos bailes, esquinas vigiladas de reojo, sombras de un beso perseguido, instantes de verdad.    Fuimos sitio al que siempre volver, sin míos, tuyos, ni frenos por conocer, pasado envuelto  de un futuro precioso. Fuimos ojeras empapadas por el deseo, camiseta gastada de pijama compartida, centinelas de un sol que sabía ponerse a nuestro antojo. Fuimos retos nunca impuestos y siempre superados, secretos consumidos, errores. Fuimos coincidencia que no sabe acabar, reloj a nuestro favor, mar que no dejaba naufragar. Fuimos ruinas de un desastre hecho silencio y pulso parado cuando la distancia nos tocó.                                             Fuimos. Pasado perfecto simple.

Sé que nunca mas seremos lo que en cualquier caso, nunca fuimos. Y duele por dos en la misma herida. 

 

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Mezclado. 

¿Y si resulta que ese café se convierte en whisky? Odio el whisky, y el el café, así que sí que resulta. Pero como todo resulta por amor, como por odio, cual veneno  me lo bebo también. 

Y es que el whisky se me va a hacer almíbar si es su compañía la que acompaña mis demonios. 

Despacio 

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